Cuentos. Lucía Lorenzo

Esto en cuanto a los mamarrachos más inmediatos de la escritura; de sus obras consideradas en su conjunto se deduce una mayor o menor sordera para los elementos eufónicos del idioma, el ritmo parcial y el general, y esta paradoja irritante: a pesar de estar escritas con un idioma siniestramente empobrecido por la incultura y la consiguiente parvedad del vocabulario, casi siempre sobran palabras en cada frase. Decir poco con mucho parece una constante de este tipo de escritor.
Así resumía Julio Cortázar en su ensayo No hay peor sordo que el que (La vuelta al día en ochenta mundos) su opinión sobre el grueso de la producción de sus contemporáneos rioplatenses. Y aunque los afrancesados seamos terribles, señora, aquí en París suelo leer una cantidad considerable de material rioplatense contemporáneo.  Es algo que de un buen tiempo a esta parte me ha ocupado aunque la expectativa, tras ver que cincuenta y cinco años más tarde la realidad persiste en confirmar las observaciones de Cortázar, ya puede imaginarse.

Sobrenatural. Varios autores (Estuario editora)

Dios te libre, lector, de prólogos largos. La frase es del venerable Francisco de Quevedo, y Borges, además de citarla, la ha honrado con prólogos tan breves como admirables. Sin embargo –todo lector lo ha padecido–, escasas son las veces en que un prólogo no desmerece un libro. Adefésicos, inútilmente ditirámbicos o gongorinos, soporíferos, muy pocos logran estar a la altura de las páginas que les siguen. Para asombro del propio Carl Friedrich Gauss, el escritor uruguayo Daniel Mella, con su prólogo al volumen de relatos Sobrenatural, ha conseguido contradecir las estadísticas.

La apuesta de la editorial uruguaya Estuario no carece de ambición: reunir en un mismo volumen once relatos que aborden lo sobrenatural, y presentar cada relato con una ilustración que lo sugiera o evoque. Desafortunadamente, la calidad del resultado revela, una vez más, y de manera cruenta en algunos casos, que ambición y capacidad no se suceden naturalmente.

Du papyrus à l'hypertexte. Christian Vandendorpe

Una de las tantas lecturas de mi época de doctorado. El libro del investigador belga Christian Vandendorpe aborda la metamorfosis del texto a través de los cambios de su soporte, cubriendo  un generoso abanico que va del papiro al hipertexto. Como es evidente, las dinámicas de lectura cambian con el soporte. Esto es particularmente flagrante hoy: inmersos en un fenómeno de lectura fragmentaria ignoramos los cambios (poco alentadores, según varios estudios) que se operan a nivel cognitivo en nosotros. Y lo interesante es que ya en 1999, Vandendorpe anticipaba este fenómeno en su capítulo « Je clique, donc je lis » (cliqueo, luego leo), donde anotaba que el desplazamiento mediante clics de ratón contribuye a dar al lector la sensación de tener el control pleno del objeto y de poder seguir soberanamente sus impulsiones. Tras establecer un vínculo entre ratón y control remoto, la lectura como acto de consumismo emerge por sí sola.

Oso de trapo. Horacio Cavallo


Oso de trapo es una novela hermosa. A ese rasgo estético se le suma uno de orfebrería: la novela tiene una construcción sumamente cuidada e inteligente. Los capítulos cortos, donde nada sobra, le permiten a Horacio Cavallo entrelazar con firmeza las diferentes historias.

Con admiración destaco dos pilares del montaje de esta novela: la prosa de Lucien y la voz del niño. Hay otros (e.g. ese personaje de María que comienza tibio y va ganando textura, desenfado, cuerpo), pero estos dos me parecen los más sobresalientes.

Parricidio y patrifagia: ¿Por qué me comí a mi padre? Roy Lewis

El argumento de la novela no necesita mayor explicación: por sus páginas transcurre la vida de una horda de cromañones hacia fines del Pleistoceno. ¿Por qué me comí a mi padre?, de Roy Lewis, del cual leí la traducción Pourquoi j’ai mangé mon père, realizada por el célebre Vercors, es ante todo una novela divertida.

Los diálogos, columna vertebral de la historia, mantienen siempre un equilibrio entre humor y tensión narrativa y el autor acierta en un manejo elástico del tiempo gracias al cual asistimos a la dominación del fuego, al descubrimiento del arte, al perfeccionamiento de los instrumentos de caza, a la sorpresa ante la exogamia, a los torpes intentos por domesticar la fauna.

Claire dans la forêt. Marie Darrieussecq

Qué bien escribe Marie Darrieussecq. Realmente bien. Claire dans la forêt es una nouvelle situada en su pueblito natal, cerca de Bayonne, difuminado por un juego con los ejes temporal y geográfico elogiable. Me asombró leer algo así de alguien de la generación de Houellebecq, Ravalec y Beigbeder (otra excepción se me ocurre Mathias Malzieu con su Maintenant qu'il fait nuit tout le temps sur toi).

Pouvoirs et savoirs de l'écrit. Jack Goody

¿Qué hace que los antropólogos sean tan longevos?
Pregunta que suelo hacerme al afeitarme


Obligado a esperar a un colega, releo este libro del maestro Goody, quien —como todo gran maestro– no hizo sino plantearse las grandes preguntas. Esta obra se construye en torno a una constatación: las culturas que "poseen la escritura" dominan a aquellas que no la poseen. Hipótesis trivial que linda el axioma: la escritura permite el desarrollo y la acumulación de conocimientos. Hipótesis más interesante: el manejo de la escritura (ergo de la lectura) cambia ciertas operaciones cognitivas, en particular la manera de entender el mundo y de actuar en él. Una tarde de borrachera, muy modestamente, recuerdo haber garabateado unos torpes apuntes al respecto. Goody, en el acierto, prefiere hablar de tecnologías del intelecto.

Dígalo en latín: Lexicon recentis Latinitatis. Fundación Latinitas

Vila-Matas se equivocó: lo que no se acaba nunca no es París, es el Vaticano. En un gesto que ni Thot hubiese arriesgado, el bombardero Ratzinger se ha puesto como objetivo que el latín vuelva a ser una lengua popular. Después de todo, ha de decirse Benedicto XVI mientras se broncea en su finca de Castel Gandolfo, si Jesús pudo con Lázaro, ¿por qué yo no podría, en un registro más modesto, lograrlo con una simple lengua?

How to write a damn good thriller. James N. Frey

Leído con el asombro y la desconfianza de un lego en materia de thrillers. Parte de una incursión que me impuse hace unos meses. Mi objetivo es observar cómo razonan y se expresan quienes dan consejos sobre cómo escribir (como había hecho aquí). Dado que jamás frecuenté realmente un taller literario, me intriga ver hasta qué punto ciertos gestos pueden ser calibrados. Algo así como saber si el cura que nos toma la confesión es consciente de que tal pregunta le dará resultados porque moverá los mecanismos siempre eficaces de la culpa. En realidad tampoco me confesé nunca, así que la imagen vale lo que vale.

El inimitable Jeeves. P.G. Wodehouse

No es difícil comprender por qué, desafortunadamente, Wodehouse ha caído en un blando olvido. Sus textos, saturados de buen humor inglés, frecuentan preocupaciones que dieron vida a los altos salones victorianos. Así, cuando Bertie Wooster –el aristócrata algo lento que se salva siempre gracias a su brillante criado Jeeves– se encuentra con un conocido en un parque, roza el síncope al ver la corbata que el pobre hombre trae. O cuando su tía Agatha le arregla un matrimonio con una (otra) mujer dominante, Bertie se ejecuta como el cordero más triste, convencido de que no hay nada que pueda hacer para salvarse de lo que, sin duda, ha de ser su destino. Se entiende que el aire respirado por el occidente del siglo 21 no acepta –no puede aceptar– estas preocupaciones, tan actuales como la peste negra o los vasos canopos egipcios.

Scrivener. Literature & Latte

Excelente herramienta para escribir que, siguiendo una filosofía LaTeX, separa el contenido de un texto de su renderizado final. 

No probé la versión Windows, pero la versión Mac tiene un diseño agradable e intuitivo. La herramienta está destinada a escritores y aborda las dificultades clásicas que se tienen al escribir un texto, en particular una novela extensa. Permite gestionar fichas de personajes y lugares, organizar el texto en partes, capítulos y escenas (que se desplazan fácilmente), agregar archivos que se van recopilando para documentarnos (de las páginas web crea un snapshot, lo cual es muy útil), crear templates personalizados.

El ladrón de meriendas. Andrea Camilleri

Segundo libro leído de Camilleri. Tercero de la serie (o segundo, no lo sé muy bien). Menos interesante que el anterior. Un Montalbano más violento, más gratuitamente tiránico, un clima general más opresivo. El humor está ahí pero menos logrado. Tal vez un policial más clásico, tal vez la temática, tal vez eso explique mi percepción. Ejecución igualmente ágil que la del libro anterior. Los diálogos fluidifican la estructura y el narrador lo sabe. Pese a los bemoles, lectura interesante.

La voz del violín. Andrea Camilleri

Seis años más tarde le hago caso a Milo y me decido, vacaciones mediante, a leer a Camilleri. Cuarta novela de la serie policial de Montalbano. Primer acercamiento de alguien que, decididamente, mira con desdén los policiales. Resultado: lectura compulsiva, risas a las tres de la mañana, intriga genuina, reconocimiento al narrador que, además de un gran sentido del humor, sabe ambientar con mucho talento y pocos recursos, un poco a la manera de Patrick Modiano.

Nocilla Experience. Agustín Fernández Mallo

Volumen extraño y cándidamente desparejo. Valiente propuesta, sin embargo. De esos libros que me convencen –una vez más– de que hay una revolución literaria inminente cuyo olor, cuyo ruido –basta estar atento– llegan hasta nuestras podridas ventanas del día a día. Una revolución vinculada estrechamente al business model de las editoriales, al libro electrónico, a la autoedición, a ese nuevo tipo de texto (en el marco de una tipología textual) que constituyen muchas entradas de blogs, al hecho trivial de que es insoportable que cueste tanto publicar cuentos porque no venden y se publiquen tantas novelas de mierda por el indiscutible argumento de que esas sí venden y ni hablemos de prosa o poesía, señor, que en casa malas palabras no.

Yo, Asimov. Isaac Asimov

He leído poco a Asimov y desconocía al buen hombre del que Carl Sagan tan bien hablara. Me han bastado unas páginas de esta curiosa biografía para calibrar un poco al individuo. El propio Asimov, sincero, abre fuego y da el la en el primer párrafo de la introducción:

En el año 1977 escribí mi autobiografía. Como trataba mi tema favorito, escribí extensamente y terminé con 640.000 palabras.

Un lento aprendizaje. Thomas Pynchon

Aprovecho la latencia Abu Dhabi - París para leer este conjunto de cinco relatos-nouvelles de Pynchon. En un prólogo eterno e improbablemente divertido, el propio Pynchon explica, como el artista que anuncia bosquejos o piruetas embrionarias, que se trata  de relatos escritos cuando joven. Al releerlos veinte años más tarde, su reacción evoca el gran cuento El otro, de Borges. Inteligente, Pynchon opina:

España, perdiste. Hernán Casciari

Además de sufrirlo a lo largo de unas cuantas páginas, Casciari lo escribe de manera clara y sincera: este libro es una suerte de himno a la inadaptación, al exilio vivido más como una justa heroica que como una posibilidad de enriquecimiento y apertura. Con diez años de un exilio que nunca viví como tal, la lectura que hago de un texto como el de Casciari está lejos de ser inocente.

Terminado en julio de 2005, este particular diario de viaje corresponde al período de vacas flacas en el Río de la Plata, y no deja de ser interesante la posibilidad de un aggiornamiento ahora que España perdió, pero de otra manera, más grave, más profunda, más difícilmente reparable.

Le vent t'emportera. Jean-Marc Souvira

Realmente curioso que se me ocurra leer un policial que, para peor, se anuncia como un thriller en una tapa brillante a reventar. Pero hay casualidades que no se inventan. En la planta baja del edificio de casa hay un kinesiólogo al que Milo empezó a ir hace un tiempo. Charlador, un día el hombre le cuenta que su cuñada tradujo a Cortázar al francés y que su hermano publicó un libro en Uruguay. Ya que conociera a una traductora de Cortázar me llenó de un morbo casi infantil. Escritores franceses en Uruguay, hacía poco había retenido un nombre publicado por una editorial menor uruguaya. Cuando comprobé que, en efecto, el hermano del kinesiólogo había publicado en esta editorial, dediqué cinco minutos a divagar sobre Jung, la sincronicidad, la distribución de probabilidad de Poisson, la cantidad de habitantes de París, su clima invivible y otras veleidades tan importantes como prescindibles.

Le monarque, son fils, son fief. Marie-Célie Guillaume

Esta crónica de un largo ajuste de cuentas escrita por una kamikaze en tono de sátira política es un gesto atípico en Francia. Roman à clefs, suicidio político de su autora (directora del gabinete de Patrick Devedjian desde 2007, obligada a dimitir luego de la publicación del libro), enorme y solitaria boutade (no creo, luego de haberla visto en varios platós defender nerviosamente su libro), intento curioso de hacer un poco de justicia, cada cual puede aportar su juicio al ruedo, hay lugar, sobra lugar, mucho lugar en la arena político-mediática francesa.

Pájaros en la boca. Samanta Schweblin

Una novela más tarde, aprovechando el aire tibio del Mediterráneo, comienzo a transcribir apuntes de lecturas.

Muy buen volumen de cuentos argentinos. Livianos y eficaces, en todos ellos reina lo fantástico o lo arbitrario. Las influencias son notorias y –creo– positivas. Redundaría decir, por ejemplo, que En la estepa evoca las mancuspias de Cortázar, o que ciertas piruetas (como las de Mariposas) son tributarias de Borges. Quince cuentos redondos y parejos, entonces, con una predilección por Irman, que huele a Tarantino y Hemingway, y considero el mejor logrado.