Dios te libre, lector, de prólogos largos. La frase es del venerable Francisco de Quevedo, y Borges, además de citarla, la ha honrado con prólogos tan breves como admirables. Sin embargo –todo lector lo ha padecido–, escasas son las veces en que un prólogo no desmerece un libro. Adefésicos, inútilmente ditirámbicos o gongorinos, soporíferos, muy pocos logran estar a la altura de las páginas que les siguen. Para asombro del propio Carl Friedrich Gauss, el escritor uruguayo Daniel Mella, con su prólogo al volumen de relatos Sobrenatural, ha conseguido contradecir las estadísticas.
La apuesta de la editorial uruguaya Estuario no carece de ambición: reunir en un mismo volumen once relatos que aborden lo sobrenatural, y presentar cada relato con una ilustración que lo sugiera o evoque. Desafortunadamente, la calidad del resultado revela, una vez más, y de manera cruenta en algunos casos, que ambición y capacidad no se suceden naturalmente.


