Scrivener. Literature & Latte

Excelente herramienta para escribir que, siguiendo una filosofía LaTeX, separa el contenido de un texto de su renderizado final. 

No probé la versión Windows, pero la versión Mac tiene un diseño agradable e intuitivo. La herramienta está destinada a escritores y aborda las dificultades clásicas que se tienen al escribir un texto, en particular una novela extensa. Permite gestionar fichas de personajes y lugares, organizar el texto en partes, capítulos y escenas (que se desplazan fácilmente), agregar archivos que se van recopilando para documentarnos (de las páginas web crea un snapshot, lo cual es muy útil), crear templates personalizados.

El ladrón de meriendas. Andrea Camilleri

Segundo libro leído de Camilleri. Tercero de la serie (o segundo, no lo sé muy bien). Menos interesante que el anterior. Un Montalbano más violento, más gratuitamente tiránico, un clima general más opresivo. El humor está ahí pero menos logrado. Tal vez un policial más clásico, tal vez la temática, tal vez eso explique mi percepción. Ejecución igualmente ágil que la del libro anterior. Los diálogos fluidifican la estructura y el narrador lo sabe. Pese a los bemoles, lectura interesante.

La voz del violín. Andrea Camilleri

Seis años más tarde le hago caso a Milo y me decido, vacaciones mediante, a leer a Camilleri. Cuarta novela de la serie policial de Montalbano. Primer acercamiento de alguien que, decididamente, mira con desdén los policiales. Resultado: lectura compulsiva, risas a las tres de la mañana, intriga genuina, reconocimiento al narrador que, además de un gran sentido del humor, sabe ambientar con mucho talento y pocos recursos, un poco a la manera de Patrick Modiano.

Nocilla Experience. Agustín Fernández Mallo

Volumen extraño y cándidamente desparejo. Valiente propuesta, sin embargo. De esos libros que me convencen –una vez más– de que hay una revolución literaria inminente cuyo olor, cuyo ruido –basta estar atento– llegan hasta nuestras podridas ventanas del día a día. Una revolución vinculada estrechamente al business model de las editoriales, al libro electrónico, a la autoedición, a ese nuevo tipo de texto (en el marco de una tipología textual) que constituyen muchas entradas de blogs, al hecho trivial de que es insoportable que cueste tanto publicar cuentos porque no venden y se publiquen tantas novelas de mierda por el indiscutible argumento de que esas sí venden y ni hablemos de prosa o poesía, señor, que en casa malas palabras no.

Yo, Asimov. Isaac Asimov

He leído poco a Asimov y desconocía al buen hombre del que Carl Sagan tan bien hablara. Me han bastado unas páginas de esta curiosa biografía para calibrar un poco al individuo. El propio Asimov, sincero, abre fuego y da el la en el primer párrafo de la introducción:

En el año 1977 escribí mi autobiografía. Como trataba mi tema favorito, escribí extensamente y terminé con 640.000 palabras.

Un lento aprendizaje. Thomas Pynchon

Aprovecho la latencia Abu Dhabi - París para leer este conjunto de cinco relatos-nouvelles de Pynchon. En un prólogo eterno e improbablemente divertido, el propio Pynchon explica, como el artista que anuncia bosquejos o piruetas embrionarias, que se trata  de relatos escritos cuando joven. Al releerlos veinte años más tarde, su reacción evoca el gran cuento El otro, de Borges. Inteligente, Pynchon opina:

España, perdiste. Hernán Casciari

Además de sufrirlo a lo largo de unas cuantas páginas, Casciari lo escribe de manera clara y sincera: este libro es una suerte de himno a la inadaptación, al exilio vivido más como una justa heroica que como una posibilidad de enriquecimiento y apertura. Con diez años de un exilio que nunca viví como tal, la lectura que hago de un texto como el de Casciari está lejos de ser inocente.

Terminado en julio de 2005, este particular diario de viaje corresponde al período de vacas flacas en el Río de la Plata, y no deja de ser interesante la posibilidad de un aggiornamiento ahora que España perdió, pero de otra manera, más grave, más profunda, más difícilmente reparable.

Le vent t'emportera. Jean-Marc Souvira

Realmente curioso que se me ocurra leer un policial que, para peor, se anuncia como un thriller en una tapa brillante a reventar. Pero hay casualidades que no se inventan. En la planta baja del edificio de casa hay un kinesiólogo al que Milo empezó a ir hace un tiempo. Charlador, un día el hombre le cuenta que su cuñada tradujo a Cortázar al francés y que su hermano publicó un libro en Uruguay. Ya que conociera a una traductora de Cortázar me llenó de un morbo casi infantil. Escritores franceses en Uruguay, hacía poco había retenido un nombre publicado por una editorial menor uruguaya. Cuando comprobé que, en efecto, el hermano del kinesiólogo había publicado en esta editorial, dediqué cinco minutos a divagar sobre Jung, la sincronicidad, la distribución de probabilidad de Poisson, la cantidad de habitantes de París, su clima invivible y otras veleidades tan importantes como prescindibles.

Le monarque, son fils, son fief. Marie-Célie Guillaume

Esta crónica de un largo ajuste de cuentas escrita por una kamikaze en tono de sátira política es un gesto atípico en Francia. Roman à clefs, suicidio político de su autora (directora del gabinete de Patrick Devedjian desde 2007, obligada a dimitir luego de la publicación del libro), enorme y solitaria boutade (no creo, luego de haberla visto en varios platós defender nerviosamente su libro), intento curioso de hacer un poco de justicia, cada cual puede aportar su juicio al ruedo, hay lugar, sobra lugar, mucho lugar en la arena político-mediática francesa.

Pájaros en la boca. Samanta Schweblin

Una novela más tarde, aprovechando el aire tibio del Mediterráneo, comienzo a transcribir apuntes de lecturas.

Muy buen volumen de cuentos argentinos. Livianos y eficaces, en todos ellos reina lo fantástico o lo arbitrario. Las influencias son notorias y –creo– positivas. Redundaría decir, por ejemplo, que En la estepa evoca las mancuspias de Cortázar, o que ciertas piruetas (como las de Mariposas) son tributarias de Borges. Quince cuentos redondos y parejos, entonces, con una predilección por Irman, que huele a Tarantino y Hemingway, y considero el mejor logrado.