Parricidio y patrifagia: ¿Por qué me comí a mi padre? Roy Lewis

El argumento de la novela no necesita mayor explicación: por sus páginas transcurre la vida de una horda de cromañones hacia fines del Pleistoceno. ¿Por qué me comí a mi padre?, de Roy Lewis, del cual leí la traducción Pourquoi j’ai mangé mon père, realizada por el célebre Vercors, es ante todo una novela divertida.

Los diálogos, columna vertebral de la historia, mantienen siempre un equilibrio entre humor y tensión narrativa y el autor acierta en un manejo elástico del tiempo gracias al cual asistimos a la dominación del fuego, al descubrimiento del arte, al perfeccionamiento de los instrumentos de caza, a la sorpresa ante la exogamia, a los torpes intentos por domesticar la fauna.

El prólogo revela que Lewis imaginó su novela en un encuentro con Louis Leakey, en África. Al preguntarle al famoso arqueólogo cómo se podrían traducir en palabras ciertas pinturas rupestres, éste, impotente ante la palmaria necesidad de un nuevo lenguaje, danzó. En esa interpretación vehiculada como baile, Lewis habría presentido el potencial cómico que presupone la explicación de esas vidas con los instrumentos de nuestra civilización, en particular mediante el lenguaje.

Existen dos mecanismos claves en el texto: la definición de personajes mediante arquetipos y la violación flagrante de todo realismo. El lector podrá interactuar con el jefe de la horda, Eduardo, el inventor-investigador progresista, Vania, el tío reaccionario que no cesará de repetir su back to the trees, los hijos: el cazador monotemático, el artesano que ideará el capitalismo, el artista, el psicólogo –el narrador– preocupado por los sueños y las sombras. El autor se permitirá incluso la aparición inesperada del tío Ian, remedo demasiado evidente de Marco Polo.

En cuanto al realismo, orgullosos de su superioridad ante el australopiteco e incluso el neandertal, sus personajes son conscientes de las glaciaciones, de las épocas prehistóricas, de la ley de selección natural, pero también de la geografía presente: África, China, Pirineos, Sahara, Palestina, Arabia, América, son algunos de los nombres mencionados. En este juego de anacronismos, que registra la novela en la sátira pero que no degenera nunca en caricatura, el autor encuentra un camino fácil para expresar a través de los personajes sus propias reflexiones. Así, Roy Lewis puede hacer que Eduardo diga, sin fisuras, que “la alternativa dialéctica es un método científico perfectamente respetable”.

Hacia el final, las referencias a la bomba atómica resultan demasiado evidentes. El narrador, por lo demás, se encargará de elaborar una primera doctrina de seguridad nacional. Sin embargo y por fortuna, la reflexión no se corrompe en ningún momento y Lewis nos evita la moralina, pesadumbre que arruinaría por completo la obra. La conclusión del libro coincide con la del Pleistoceno, evento, este último, que afectó a los cazadores-recolectores y me hace recordar una entrada anterior sobre John Zerzan. Permitiéndome traducir del francés, rescato como éxito del anacronismo utilizado las siguientes palabras que Eduardo dirige a su hijo Ernesto, embrión de psicólogo:

“En cuanto a ti, Ernesto, te vanaglorias de saber pensar, pero es una ilusión dado que el registro de nuestros conocimientos es demasiado estrecho, de suerte que nuestro vocabulario, nuestra gramática, no llegan a extenderse, y por ende nuestra capacidad de abstracción tampoco. Es el lenguaje lo que genera el pensamiento y es mera cortesía denominar lenguaje a las pocas cien palabras que poseemos, las dos docenas de verbos que sirven para todo, la indigencia de conjunciones y de preposiciones que hacen que debamos recurrir a las interjecciones, gestos y onomatopeyas para colmar las lagunas. No, mis hijos queridos, sobre el plan cultural apenas si estamos más avanzados que el australopiteco. Y él, créanme, no está más en carrera.”

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Javier CoutoJavier Couto (Montevideo, 1974) es narrador. En 2010 obtuvo una mención de honor por Voces (cuentos) en el XVII Premio Nacional de Narrativa “Narradores de la Banda Oriental”. Su novela Thot fue finalista del Premio Minotauro 2013 (Editorial Planeta). En 2014 obtuvo una mención de honor con su libro de cuentos Del otro lado, en el Concurso Literario Juan Carlos Onetti 2014 y la primera mención en el Concurso Internacional de cuentos Julio Cortázar.

2 comentarios:

Cristal Azul dijo...

!Hola,Javi!

Muy buenos los textos de los dos blogs sigo acompañándote en tu viaje bloguero.Muchos besos.

Javier Couto dijo...

Gracias de nuevo. Agregué tu blog a la lista de la derecha, para tener el feed de tus entradas. Un saludo y hasta pronto.