
Si bien el origen de la escritura está estrechamente vinculado a la oralidad, solemos asimilar texto y texto impreso. Esto cambiará paulatinamente y la noción de texto impreso será reemplazada por la de texto digital, pero el problema es el mismo: lograr disociar, desde un punto de vista conceptual, el contenido del soporte. Es trivial decirlo, pero no deja de sorprender —si se lo piensa un poco— que el formato digital haya impuesto por primera vez la necesidad de un instrumento para poder ejecutar la lectura: hasta ese entonces, caparazones de tortuga, muros, hojas de palmera, tablas, rollos, códices, libros, todo podía ser leído sin necesidad de intermediarios (incluso, tras la revolución de Gutenberg, la Biblia).
Uno de los fragmentos que más me marcó del libro de Vandendorpe, citado en una vieja entrada de otro blog, es el siguiente:
« La lecture à haute voix fut longtemps la forme normale de lecture, et ce travail d’oralisation était souvent confié à des esclaves dans la Grèce et la Rome antiques. Au IVe siècle de notre ère, l’évêque d’Hippone rapporte dans ses Confessions combien il avait été surpris, rendant visite au vieil Ambroise, de constater que celui-ci lisait sans même remuer les lèvres. »
Que dice, traducción mediante:
Por supuesto, son cosas que se olvidan. Como también se olvida que, en el mismo siglo, el escritor romano Quinto Aurelio Símaco, negando un derecho que hoy muchos consideran básico, afirmaba que cuando alguien publica un libro de poesía pierde los derechos sobre lo escrito porque ya pertenece a la comunidad.
Son cosas que se olvidan, pero no por olvidarlas son menos ciertas.
La lectura en voz alta fue durante mucho tiempo la forma normal de lectura, y este trabajo de oralización era a menudo confiado a los esclavos en la Grecia y Roma antiguas. En el siglo cuarto de nuestra era, el obispo de Hippo Regius registra en sus Confesiones cuánto se había sorprendido, durante su visita al viejo Ambrosio, al constatar que éste leía sin siquiera mover los labios.
Por supuesto, son cosas que se olvidan. Como también se olvida que, en el mismo siglo, el escritor romano Quinto Aurelio Símaco, negando un derecho que hoy muchos consideran básico, afirmaba que cuando alguien publica un libro de poesía pierde los derechos sobre lo escrito porque ya pertenece a la comunidad.
Son cosas que se olvidan, pero no por olvidarlas son menos ciertas.
– o O o –
4 comentarios:
Qué linda entrada! Calza para la campaña por la liberación de los libros en la red.
Me recuerda a algo leído en la facultad, Esto no es un libro, de Eliseo Verón (dicho sea de paso, hay un apólogo del hipertexto que detesto: Landow).
Acá encontré un enlace: http://comunicacioniuna.com.ar/wp-content/material/2011_veron_esto_no_es_un_libro.pdf
Te contesto acá lo del post anterior. Me quedé pensado también en lo que sería la metáfora polisémica. Es realmente interesante. Quizá el concepto no esté del todo bien abarcado en ese término, pero por otra parte lo potencia. ¿Qué sería una metáfora polisémica? Es una paradoja la respuesta: las metáforas cargan un sentido dentro de un contexto comunicacional, y este sentido cargado no a sí mismas, si no a otra cosa. Una contrametáfora, creo, sería algo literal, ¿no? (un designarse a sí mismo de la frase); una doblemetáfora se significaría a sí misma de manera literal, pero a la vez también sería otra cosa: en otra palabra, una doblemetáfora sería una metáfora normal; una plurimetáfora -aquí estoy casi completamente extraviado- hablaría literalmente y a la vez portaría, digamos, otros dos significados (por decir un número). En cambio, la metáfora polisémica, ¿qué mierda sería? Aventuro: sería la cualidad de la metáfora de poseer varios sentidos cuya inferencia crea subcontextos dentro contexto comunicacional. Por ejemplo: preguntarse por el sentido de la pelota mientras cae el cadáver, sin que esto quiebre el sentido general de la frase.
Uff, no soy bueno para la teoría.
Otra cosa, soy paraguayo no argentino! Vivo en buenos aires, eso sí.
Saludos y felices fiestas!
Interesante. Hay preocupaciones comunes en Verón y Vandendorpe. Incluso en la manera de abordar las problemáticas. Y me parece coherente porque Verón, por lo que vi, estuvo mucho tiempo viviendo aquí.
A Landow no lo tengo realmente leído.
Con respecto a la metáfora polisémica, merece ser profundizada. Definición provisoria y trivial: frase metafórica ambigua. Definición más cuidada, la que proponés: frase metafórica que puede ser interpretada de varias maneras; cada interpretación crea un subcontexto particular dentro del contexto comunicacional. Me pregunto si la ambigüedad es intrínseca o podría depender de las capacidades del receptor (más finas o burdas que las del emisor; acaso producto de variantes idiomáticas o regionalismos). Y, por otro lado, fijate en la siguiente frase:
La perra de mi vecina me ladró.
Es ambigua y sólo en una de la interpretaciones actúa de modo figurativo (aunque no metafórico, creo).
En fin, así vamos...
Muy buena la entrada, y más en este momento que puedes prestar un libro pero enviarlo sólo con cuidado. Puedes cederlo a una biblioteca y que lo lea una multitud pero no subirlo a internet y que esa multitud lo descargue... época de cambios
Un abrazo
De grandes cambios, sin duda. A ver qué contamos dentro de un lustro, cuando los niños de once años publiquen la primera versión de su autobiografía en el sucesor de Bubok.
Gracias por pasar!
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